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Tres paseos espaciales para renovar la EEI: clave de su potencia y brillo

Tres paseos espaciales para renovar la EEI: clave de su potencia y brillo

Publicado el 2026-07-27 · Por el equipo de ISS Tracker

Si levantas la vista por la noche y ves pasar un punto brillante surcando el cielo a más de 27.000 km/h, estás contemplando una obra maestra de la ingeniería humana que jamás descansa. Durante las próximas semanas, la Estación Espacial Internacional se enfrenta a una maratón de tres paseos espaciales diseñados para renovar sus arterias energéticas y sus canales de comunicación con la Tierra. Te explicamos qué implica este desafío técnico fuera del complejo orbital y de qué manera condiciona lo que puedes observar desde tu propia casa.

Qué ha pasado

La actividad en el laboratorio orbital va a intensificarse de forma drástica en el espacio exterior. Según informa la agencia espacial estadounidense (NASA), el equipo de operaciones ha planificado una serie de tres paseos espaciales —conocidos técnicamente como actividades extravehiculares o EVA— destinados a llevar a cabo trabajos críticos de mantenimiento, modernización eléctrica e infraestructura de comunicaciones en la estructura flotante.

Para coordinar todos los detalles de esta compleja secuencia de misiones fuera del complejo, los directores de vuelo y responsables técnicos han convocado una conferencia informativa previa donde detallarán los roles exactos de cada pareja de astronautas, las medidas de seguridad reforzadas y el cronograma preciso de las intervenciones. Actualmente, la tripulación a bordo de la estación consta de 9 integrantes: los cosmonautas Oleg Kononenko, Nikolai Chub y Alexander Grebenkin, junto a los astronautas de la NASA Tracy Caldwell Dyson, Matthew Dominick, Michael Barratt, Jeanette Epps, Butch Wilmore y Sunita Williams. Serán miembros de este equipo quienes asuman el reto de enfundarse los trajes presurizados para trabajar directamente expuestos al vacío espacial.

Las tareas fijadas para estas tres salidas abarcan tres frentes principales que aseguran la supervivencia tecnológica del complejo:

Por qué importa

Para entender la necesidad de estas intervenciones hay que mirar la fecha de nacimiento de la propia estación. La estructura central y los paneles solares primarios llevan funcionando ininterrumpidamente desde principios de los años 2000. En el espacio, dos décadas no son simplemente un paso del tiempo: representan una exposición continua a un entorno extremadamente agresivo.

Nuestro rastreador en tiempo real indica que la ISS orbita actualmente a 439 km de altitud y completa una vuelta al planeta cada 90 minutos. Esto significa que los componentes externos sufren 16 amaneceres y 16 anocheceres cada 24 horas. En cada transición, la estructura pasa de soportar temperaturas de casi +120 °C bajo la radiación solar directa a registrar heladas extremas de -120 °C en la sombra terrestre. Este ciclo térmico incesante produce una dilatación y contracción constante de los materiales que degrada los circuitos, las soldaduras y las capas protectoras.

A este estrés térmico se suma el impacto destructivo del oxígeno atómico presente en la termosfera superior y la lluvia constante de micrometeoritos microscópicos. Las fotocélulas de los paneles solares originales han perdido paulatinamente eficiencia reflectante y capacidad de generación eléctrica. Sin embargo, la demanda energética de la estación no ha dejado de crecer. Módulos científicos modernos, racks de experimentación biológica y la preparación del complejo para acoger misiones comerciales exigen un flujo de potencia constante que las alas fotovoltaicas antiguas ya no pueden entregar por sí solas.

Por otro lado, la sustitución de la antena de comunicaciones responde a un motivo vital tanto para el centro de control en Tierra como para la propia divulgación científica. La estación transmite cantidades masivas de información por segundo. Si las antenas externas fallan o sufren degradación, la capacidad para recibir telemetría crítica de subsistemas o para transmitir vídeo de alta definición se ve severamente comprometida. Cablear el exterior del complejo con guantes presurizados —una tarea que equivale a intentar reparar un mecanismo fino con guantes de protección rígidos— requiere cientos de horas de entrenamiento previo en piletas de flotabilidad neutra antes de ejecutar la misión en la órbita baja.

Qué mirar en el cielo

Como seguidor del paso del complejo orbital, tal vez te preguntes si estos tres paseos espaciales cambian en algo la experiencia visual desde la Tierra. La respuesta corta es sí, tanto si sigues las operaciones por pantalla como si observas el firmamento nocturno desde tu ventana.

En primer lugar, los trabajos sobre las matrices fotovoltaicas alteran directamente la geometría y la superficie reflectante de la estación. La ISS no emite luz propia; brilla en nuestro cielo porque sus inmensas estructuras de aluminio y silicio reflejan la luz del Sol mientras vuelan a 27528 km/h. La incorporación y reconfiguración de los paneles solares modifica el ángulo y la cantidad de luz que proyecta hacia la superficie terrestre. Esto puede influir en la magnitud visual y en la intensidad del brillo de la estación durante ciertos pases vespertinos o matutinos sobre tu localidad.

Durante las jornadas en que se ejecutan los paseos extravehiculares, las pasadas visibles adquieren un valor especial. Saber que en ese preciso instante en que ves cruzar un destello brillante por la bóveda celeste hay dos seres humanos trabajando fuera del módulo habitable, suspendidos sobre el abismo a más de 400 kilómetros de altura, transforma por completo la experiencia de observación.

Para aprovechar al máximo estos eventos de actividad orbital, te sugerimos seguir estos pasos:

No dejes pasar esta oportunidad para conectar la ingeniería espacial con tus observaciones desde casa. Utiliza nuestro rastreador en tiempo real para saber exactamente cuándo volverá a cruzar la Estación Espacial Internacional sobre tu tejado.

Fuente: NASA ↗