Burbujas en el corazón y paseos espaciales: el reto médico que la NASA revisa en la ISS
Cada vez que levantamos la vista y vemos cruzar ese punto brillante e imperturbable en el cielo nocturno, resulta fácil olvidar la extrema hostilidad del entorno en el que viaja. La Estación Espacial Internacional vuela en el vacío absoluto, y mantener a un ser humano con vida fuera de sus módulos blindados exige una ingeniería fisiológica tan milimétrica como la de sus propios motores. Sin embargo, salir al espacio exterior sigue implicando riesgos invisibles que ocurren en el interior del torrente sanguíneo de quienes están a bordo.
Según informa la NASA a través de su Oficina del Jefe de Salud y Medicina (OCHMO), un grupo de trabajo especializado ha completado una revisión exhaustiva de los datos clínicos más recientes sobre la enfermedad por descompresión (DCS), los episodios de tromboembolismo venoso (VTE) en microgravedad y las implicaciones del foramen oval permeable (PFO). Esta reevaluación no es un simple trámite burocrático: define cómo se protegerá a los astronautas que realizan paseos espaciales hoy en la órbita baja y sienta las bases médicas indispensables para el programa lunar Artemis.
Qué ha pasado
El equipo médico de la agencia espacial estadounidense ha puesto bajo la lupa tres fenómenos biológicos estrechamente interconectados que amenazan la salud de la tripulación durante las actividades extravehiculares (EVA):
- La enfermedad por descompresión (DCS): Conocida popularmente por afectar a los buceadores de profundidad, ocurre cuando una persona pasa rápidamente de un entorno de alta presión a otro de menor presión, provocando que el nitrógeno disuelto en los tejidos corporales forme burbujas gaseosas en la sangre.
- El foramen oval permeable (PFO): Es una pequeña abertura natural entre las aurículas derecha e izquierda del corazón. En fetos es vital para la circulación, pero suele cerrarse poco después del nacimiento. Alrededor de un 25 % de la población adulta sana conserva esta comunicación abierta sin experimentar ningún síntoma en la Tierra. Sin embargo, en el espacio, un PFO puede permitir que microburbujas de nitrógeno se desvíen del filtro natural de los pulmones y pasen directamente a la circulación arterial, con riesgo de provocar embolias cerebrales o neurológicas.
- El tromboembolismo venoso (VTE): La formación de coágulos sanguíneos en venas profundas. La microgravedad altera drásticamente la distribución de fluidos en el cuerpo humano, estancando la circulación en ciertas regiones del torso y el cuello, lo que eleva el riesgo de trombosis imprevistas en órbita.
El grupo de trabajo de la OCHMO ha cruzado el historial de protocolos de respiración previa con oxígeno puro (denitrogenación), los registros de incidentes subclínicos y los estudios de ultrasonido vascular realizados en el complejo orbital. El objetivo es actualizar los criterios de selección de astronautas y optimizar los procedimientos de descompresión antes de que las tripulaciones comiencen a pisar el polo sur de la Luna.
Por qué importa
Para comprender la magnitud de este problema hay que entender cómo funciona un traje espacial. Dentro de la Estación Espacial Internacional, los astronautas viven a una presión idéntica a la del nivel del mar: 14,7 libras por pulgada cuadrada (psi), o una atmósfera estándar, con una mezcla de 78 % de nitrógeno y 21 % de oxígeno. Sin embargo, el traje espacial estadounidense EMU (Extravehicular Mobility Unit) opera a tan solo 4,3 psi. Si un astronauta saliera directamente al traje sin preparación previa, la caída de presión sería tan brusca que el nitrógeno de su cuerpo herviría literalmente en su sangre, provocando dolores incapacitantes en las articulaciones, asfixia o parálisis.
Para evitarlo, la NASA aplica protocolos de "pre-respiración" de oxígeno puro al 100 % que duran varias horas, a veces complementados con ejercicio ligero o pernoctaciones a presión reducida dentro de la esclusa Quest. Este proceso expulsa el nitrógeno de los tejidos antes de abrir la escotilla al vacío. No obstante, si un astronauta tiene un foramen oval permeable asintomático, el margen de seguridad se estrecha de forma drástica. Incluso un número diminuto de microburbujas venosas tolerables para una persona común podría cruzar al lado arterial del corazón y alcanzar el cerebro.
A este desafío se suma el descubrimiento reciente de que la ingravidez prolongada altera el flujo de la vena yugular interna. Al no existir la gravedad empujando la sangre hacia los pies, los fluidos se acumulan en la parte superior del cuerpo. El flujo sanguíneo en el cuello puede volverse lento, estancarse o incluso invertirse periódicamente, condiciones idóneas para la formación de trombos. Cuando se combinan el riesgo de trombos venosos y la descompresión para un paseo espacial, el organismo se enfrenta a una tormenta perfecta que la medicina aeroespacial debe controlar con precisión matemática.
Todo esto adquiere una urgencia crítica con las misiones Artemis. En la estación, si un astronauta sufre un episodio neurológico grave o una trombosis masiva, una cápsula de rescate puede traerlo de vuelta a un hospital terrestre en cuestión de horas. En la superficie lunar o en tránsito hacia Marte, la evacuación inmediata es físicamente imposible. Los trajes lunares de nueva generación operarán con perfiles de presión diferentes y los astronautas realizarán paseos espaciales mucho más frecuentes y físicamente exigentes.
Nuestra lectura
En el momento de redactar este análisis, los datos de nuestro rastreador sitúan a la Estación Espacial Internacional volando a 416 km de altitud y a una velocidad constante de 27596 km/h. En su interior convive una tripulación que se releva por turnos de unos seis meses y que pasa revisiones médicas periódicas, muchas de ellas con ecografías que los propios astronautas se hacen entre sí guiados desde tierra.
Muchas veces contemplamos los paseos espaciales a través de las retransmisiones en directo como coreografías lentas y pacíficas de figuras blancas suspendidas sobre el azul de la Tierra. Este informe nos recuerda la verdad que queda oculta bajo las capas de mylar y kevlar: cada salida al exterior es una prueba de esfuerzo biológico límite. Mientras los astronautas flotan frente a la cámara, sus corazones bombean bajo presiones artificiales mínimas y sus sistemas vasculares luchan contra la formación de burbujas microscópicas.
La ISS no es solo un mirador astronómico fascinante ni un laboratorio de materiales; es, ante todo, el banco de pruebas clínicas donde la humanidad está aprendiendo a sobrevivir fuera de su cuna biológica. Cada hora que los astronautas pasan respirando oxígeno en la esclusa de la estación es un paso indispensable para que, en pocos años, una tripulación pueda descender a un cráter lunar sin que una burbuja en el corazón frustre el regreso a casa.
La próxima vez que veas cruzar este laboratorio orbital en el crepúsculo, recuerda el extraordinario desafío fisiológico que alberga en su interior y utiliza nuestro rastreador en tiempo real para seguir cada una de sus órbitas sobre tu ciudad.
Fuente: NASA ↗