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La vida cotidiana a 400 km: qué nos enseña el pelo en gravedad cero sobre la ISS

La vida cotidiana a 400 km: qué nos enseña el pelo en gravedad cero sobre la ISS

Publicado el 2026-09-13 · Por el equipo de ISS Tracker

Cuando alzamos la vista en una noche despejada y vemos cruzar ese punto brillante e inalterable, resulta fácil olvidar los detalles más mundanos y humanos de la vida allí arriba. Gestionar cuestiones tan corrientes como el cuidado del cabello rizado en microgravedad demuestra que el complejo orbital no es solo un prodigio de la ingeniería espacial, sino un hogar suspendido en el vacío donde conviven personas reales resolviendo desafíos insospechados.

Qué ha pasado

La astronauta de la NASA Jessica Meir ha compartido recientemente una serie de explicaciones prácticas sobre cómo manejar y peinar el cabello rizado en un entorno de ingravidez dentro de la Estación Espacial Internacional, según informa el portal especializado Space.com. A través de demostraciones visuales, Meir relató los retos a los que se enfrentan las tripulantes con melenas voluminosas cuando la fuerza de la gravedad deja de tirar de cada hebra hacia abajo, provocando que el pelo flote libremente en todas direcciones formando una masa difícil de controlar durante las jornadas de trabajo técnico.

Este tipo de testimonios enlaza de manera directa con la evolución de la presencia femenina y diversa en la órbita baja terrestre. En fechas recientes se recordó también el aniversario del vuelo de Mae Jemison, quien el 12 de septiembre de 1992 hizo historia como la primera mujer afroamericana en viajar al espacio a bordo del transbordador Endeavour. Aquella misión pionera abrió un camino que hoy se refleja de forma cotidiana en la estación espacial, donde profesionales de diferentes procedencias conviven durante meses y aportan soluciones adaptadas a realidades biológicas y de higiene muy diversas.

En el entorno de la estación, el aseo personal no cuenta con agua corriente de grifo ni duchas convencionales. Los astronautas deben emplear bolsas dosificadoras de agua tibia, champús sin aclarado diseñados originalmente para uso hospitalario y peines que requieren maniobras constantes con toallas para evitar que las gotas se dispersen. El cabello suelto no solo representa una molestia visual durante experimentos de precisión, sino que cualquier pelo desprendido se convierte en un objeto errante que puede acumularse en los filtros de ventilación o interferir con instrumental delicado si no se recoge a tiempo con sistemas de aspiración específicos.

Por qué importa

Lejos de ser una simple anécdota estética, la higiene capilar y el cuidado personal en ingravidez ponen a prueba los principios fundamentales de la física de fluidos y la ingeniería de soporte vital. En la Tierra, el agua cae por su propio peso y arrastra la suciedad. En órbita, la tensión superficial hace que los líquidos se adhieran a la piel y al cuero cabelludo como una capa viscosa y gelatinosa. Para lavarse, cada astronauta debe masajear esa película líquida con sumo cuidado para que no se fragmente en diminutas esferas flotantes que viajen por los módulos habitables.

A esto se suma el estricto ciclo de reciclaje hídrico de la plataforma. La ISS cuenta con el Sistema de Control Ambiental y Soporte Vital (ECLSS), una infraestructura que recupera hasta el noventa y ocho por ciento de la humedad ambiental generada por el sudor, la respiración y el agua residual del aseo diario. El agua que Meir o cualquiera de sus compañeros utiliza para higienizarse el pelo se evapora en el aire de la cabina, es absorbida por los condensadores térmicos del módulo y vuelve a purificarse para transformarse nuevamente en agua potable en cuestión de días. Cada gota empleada en la higiene forma parte de un circuito cerrado imprescindible para la supervivencia humana lejos de nuestro planeta.

Asimismo, existe un factor ergonómico y de seguridad crítica. Los trajes de actividad extravehicular (las escafandras blancas utilizadas en los paseos espaciales) y los cascos de comunicaciones denominados coloquialmente «Snoopy caps» requieren un ajuste milimétrico contra la cabeza. Cualquier exceso de volumen desordenado o mal asegurado puede descolocar los auriculares, obstruir los micrófonos en momentos cruciales o comprometer la visibilidad dentro de la burbuja presurizada. La experiencia acumulada desde los primeros vuelos de mujeres pioneras como Mae Jemison hasta las expediciones contemporáneas ha permitido refinar los protocolos de vestimenta y aseo para garantizar que las particularidades corporales de cada miembro de la misión no supongan una traba en las operaciones.

Qué mirar en el cielo

Comprender estos pequeños detalles domésticos transforma por completo la experiencia de salir a la terraza o al campo a observar el cielo nocturno. Cuando consultas los horarios y calculas a qué hora pasa la ISS sobre tu posición geográfica, lo que ves desplazarse a gran velocidad no es un satélite robótico e inerte, sino una nave viva donde en este preciso instante se desarrollan rutinas científicas y humanas ininterrumpidas.

Según los datos de nuestro rastreador en tiempo real, el complejo orbital navega en este instante a una altitud de 423 kilómetros respecto a la superficie terrestre, desplazándose a la asombrosa velocidad de 27.594 kilómetros por hora. A esa velocidad, la estación completa una vuelta entera al globo cada noventa minutos, regalando a sus ocupantes dieciséis amaneceres y dieciséis puestas de sol en un periodo de veinticuatro horas.

Esa estructura resplandeciente alberga en la actualidad a una tripulación activa de nueve especialistas que puedes seguir en nuestra sección dedicada a la tripulación actual: Oleg Kononenko, Nikolai Chub, Tracy Caldwell Dyson, Matthew Dominick, Michael Barratt, Jeanette Epps, Alexander Grebenkin, Butch Wilmore y Sunita Williams. Entre ellos se encuentran astronautas veteranas como Williams y Epps, quienes aplican a diario estos mismos métodos de convivencia y mantenimiento personal en ingravidez mientras realizan complejas investigaciones científicas y maniobras de mantenimiento exterior.

Para reconocerla a simple vista, conviene tener en cuenta las siguientes pautas:

La próxima vez que detectes ese trazo luminoso cortando la noche, sabrás que a 423 kilómetros de altura alguien está terminando su jornada laboral, flotando en su saco de dormir amarrado a un mamparo o acomodándose el cabello ingrávido frente al espejo de un módulo de higiene.

Consulta nuestro rastreador en tiempo real para averiguar el momento exacto en el que este laboratorio orbital cruzará el horizonte de tu ciudad y asómate a contemplarlo con una nueva perspectiva.

Fuente: Space.com ↗