¿Cuándo se retirará la ISS?
La Estación Espacial Internacional no va a volar para siempre. Sus primeros módulos llevan ya más de 25 años en órbita, y las agencias socias del programa han planificado una retirada progresiva hacia el final de la década de 2020 o el arranque de la de 2030, cuando la estructura supere ampliamente los 30 años de vida útil. No se trata de un apagón repentino: es el desenlace natural de un proyecto de ingeniería que, como cualquier estructura sometida a ciclos térmicos extremos, radiación y micrometeoritos durante décadas, tiene una fecha de caducidad técnica.
La cifra exacta del año de retirada puede ajustarse con el tiempo, según el estado real de los módulos más antiguos y según lo avanzado que esté el desarrollo de las estaciones que deben tomar el relevo. Lo que sí está fijado es el planteamiento general: cuando llegue el momento, la ISS no se abandonará sin más, sino que se hará descender de forma controlada.
Mientras tanto, la ISS sigue volando sobre nuestras cabezas cada día.
Ver la ISS en directo ahora mismoEl plan de SpaceX: el vehículo de desorbitado
Para garantizar que el final de la ISS sea seguro y predecible, la NASA contrató a SpaceX para desarrollar un vehículo especialmente diseñado para esta única misión: el llamado US Deorbit Vehicle (vehículo de desorbitado estadounidense). No es una nave de carga ni de tripulación convencional, sino un remolcador orbital de gran potencia cuya función es acoplarse a la estación y, mediante una serie de encendidos de motor cuidadosamente calculados, empujarla de forma progresiva hasta sacarla de su órbita estable.
El objetivo de este diseño a medida es tener control total sobre la trayectoria de caída, algo que sería mucho más difícil de garantizar si se dejara que la estación perdiera altitud por sí sola de manera pasiva.
Un cementerio de naves en pleno océano Pacífico
El destino final planeado para los restos de la ISS es una reentrada controlada sobre una zona remota del océano Pacífico Sur conocida informalmente como "cementerio de naves espaciales", cerca de un punto llamado Point Nemo. Se trata, según las estimaciones geográficas más citadas, del lugar del planeta más alejado de cualquier masa de tierra habitada, rodeado de miles de kilómetros de océano abierto en todas direcciones.
Esa zona lleva décadas utilizándose para el reingreso controlado de naves, satélites y estaciones espaciales al final de su vida útil, precisamente porque minimiza al máximo el riesgo de que algún fragmento que sobreviva a la reentrada caiga sobre una zona habitada. Un precedente histórico directo es la estación rusa Mir, que en el año 2001 fue desorbitada de forma controlada y sus restos cayeron exactamente en esa misma región del Pacífico.
💡 Dato curioso: Point Nemo está tan aislado que, en ciertos momentos, los astronautas que sobrevuelan la zona a bordo de la propia ISS están más cerca de esos restos que cualquier ser humano en tierra firme.
¿Qué vendrá después? Las estaciones comerciales
La retirada de la ISS no significa el fin de la presencia humana permanente en órbita baja. Antes de que la estación actual se apague definitivamente, se espera que entren en servicio distintas estaciones comerciales privadas, impulsadas en buena parte por el programa de la NASA orientado a fomentar plataformas orbitales operadas por empresas privadas en lugar de directamente por las agencias gubernamentales.
La idea de fondo es que la NASA y sus socios internacionales dejen de operar sus propias estaciones y pasen a ser, simplemente, uno de los clientes que alquila espacio, tiempo de tripulación y capacidad de investigación en instalaciones gestionadas por compañías privadas. Esto permitiría a la agencia concentrar más recursos en objetivos más ambiciosos, como los programas de exploración de la Luna y, a más largo plazo, de Marte.
Por qué no se puede simplemente abandonar la ISS en órbita
Puede parecer tentador pensar que, sin más, bastaría con dejar de operar la estación y desconectarla, dejándola flotando indefinidamente en el espacio. En la práctica, eso no es una opción segura. Aunque la órbita baja está muy por encima de la atmósfera densa, todavía existen restos de gases atmosféricos que generan una fricción mínima pero constante, y esa resistencia va frenando cualquier objeto en órbita baja poco a poco, año tras año.
Sin encendidos periódicos de motor para mantener su altitud —algo que la propia ISS necesita regularmente incluso hoy en día—, una estructura de ese tamaño acabaría perdiendo altitud de forma progresiva hasta reentrar en la atmósfera de manera incontrolada e impredecible. Eso supondría un riesgo real de que fragmentos de gran tamaño cayeran sobre zonas habitadas, además de generar basura espacial adicional si la desintegración ocurriera de forma caótica en órbita. Por todo ello, y por la responsabilidad internacional compartida entre las agencias que construyeron la estación, el plan siempre ha sido un desorbitado controlado y deliberado, no un abandono pasivo.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se retirará la ISS?
Las agencias socias han planificado una retirada progresiva hacia el final de la década de 2020 o el inicio de la de 2030, cuando la estación supere los 30 años de vida útil de sus primeros módulos. La fecha exacta puede ajustarse según el estado técnico de la estación y el avance de sus sucesoras comerciales.
¿Qué pasará con los restos de la estación?
La mayor parte de la estructura se desintegrará por fricción atmosférica durante la reentrada, y los fragmentos que sobrevivan caerán de forma controlada sobre una zona remota del océano Pacífico conocida como Point Nemo, usada históricamente como cementerio de naves espaciales.
¿Qué sustituirá a la ISS?
El relevo se espera que llegue de la mano de estaciones comerciales privadas impulsadas por el programa de la NASA de estaciones en órbita baja, diseñadas para mantener la presencia humana permanente y la investigación científica en el espacio cercano a la Tierra.
¿Por qué no se puede dejar la ISS simplemente flotando en el espacio?
Una estructura tan grande y sin control acabaría perdiendo altitud por el rozamiento atmosférico residual y reentraría de forma impredecible, generando riesgo para zonas habitadas y sumando basura espacial peligrosa para otros satélites. Por eso las agencias prefieren un desorbitado controlado y planificado.
¿Quieres saber quién vive hoy a bordo de la estación?
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